UNA MAÑANA CON RICARDO CASES

Nos espera en medio de la carretera, por miedo a que nos pasáramos su casa. Son las 11:30 de una mañana de principios de octubre y, en la provincia de Valencia, el sol brilla y hace mucho calor. Quedamos con Ricardo Cases en su casa de Torrent, donde nos da la bienvenida en un jardín con una furgoneta Volkswagen, su moto y una piscina, en la que nos invita a bañarnos. Encontramos al fotógrafo alicantino en un momento de descanso entre una exposición y otra, algo que le ocupa tanto tiempo que le impide dedicarse a hacer fotos. Y eso le mosquea.

Es muy fácil entrevistar a Ricardo Cases: te responde rápido y habla mucho, muchísimo. De hecho, se define como un hombre muy charlatán, no le importa hablar largo y tendido sobre su vida y su trabajo. Pero antes de empezar, Ricardo nos enseña su huerto, o lo que queda de él: el sol y el clima valenciano no han logrado hacer milagros, y solo han sobrevivido algunas plantas aromáticas.

¿Tu relación con la fotografía es de amor o de odio?

¡De amor, sin duda! Además, para mí, la fotografía ha sido una solución vital. Gracias a ella, he podido desarrollarme como persona y encontrar mi sitio en la sociedad. Muchas veces, te sientes perdido y no sabes qué hacer. Llegas al patio del colegio, donde todo el mundo está jugando, y tú no sabes si jugar al fútbol o al baloncesto. Durante los primeros veinte años de mi vida, encontré mi lugar en ese patio gracias al atletismo y, a partir de los veinte años, descubrí la fotografía. Además, la fotografía me ayudó a superar mis problemas de concentración y de organización, ya que te obliga a mirar por un agujero para recortar y encuadrar un trozo de la realidad, te obliga a centrarte y abstraerte.

Hoy en día, ¿crees que el medio es uno de los factores más importantes a la hora de realizar un proyecto? ¿Qué opinas sobre las diferencias entre lo analógico y lo digital?

Por motivos profesionales, empecé a trabajar con los medios digitales en cuanto aparecieron en el campo de la fotografía [señala su cámara Canon]. Soy una persona muy nerviosa y nunca suelo pararme a pensar en la imagen, sino que prefiero ir haciendo fotos y despreocuparme. Además, utilizo el flash que, para mí, fue un recurso tremendo, ya que me permite trabajar con cierta libertad y aporta a la imagen un potencial plástico.

Háblanos sobre tu exposición de este verano en Madrid, Estudio elemental del Levante.

Recibí una llamada de la Comunidad de Madrid en 2015 y he estado trabajando en el proyecto desde entonces, los últimos 6 meses de manera intensiva. Ahora estoy en una especie de estado de resaca tras la exposición. Le di el título de Estudio elemental del Levante, el nombre del último proyecto fotográfico que he presentado, porque todas las acciones se desarrollan en ese mismo lugar. Estudio elemental del Levante representa el paisaje donde trabajo y mi manera de hacer las cosas. En mi trabajo, todo tiene que ver con el sitio donde vivo: hay fotos que están hechas en la puerta de mi casa o en la carretera donde os he recogido. He sacado muchas fotos de los alrededores de esta casa, donde todo son naranjos.

Así que el título puso en relación los cinco proyectos que se exponían.

Hay una serie de constantes en mi trabajo, como la importancia del color y de la luz, que, en el fondo, representan el modo en que yo reconozco este contexto. Y, al mismo tiempo, este contexto es como un espejo donde yo me reconozco. Aquí, los colores saturados reflejan la potencia de la fuente de luz que tenemos. El reto en esta exposición era conseguir que todo funcionara al mismo nivel, que todo tuviera un sentido conjunto. Hubo voces amigas que me aconsejaron que no incluyera el trabajo Podría haberse evitado en la exposición, pero, al final, parece que no ha desentonado.

Se nota que Podría haberse evitado utiliza un lenguaje diferente.

Es un trabajo muy diferente a los otros reportajes que he hecho. La producción y la idea surgieron en dos días, lo cual contradice totalmente mi dinámica de trabajo: siempre trato de hacer las cosas a largo plazo, de cocinar lentamente. Podría haberse evitado nace de una casualidad. Me fui a un pueblo pequeño de Valencia a hacer fotos de una competición de palomos con un teleobjetivo que me dejó Cristina de Middel para probar una idea, pero me aburría. De repente, empecé a hacer fotos de cosas que sucedían en el pueblo, elaborando una especie de minirreportaje sin apenas moverme. De camino a casa, se me ocurrió la frase Podía haberse evitado y, pensando en las imágenes, me parecía que todo fluía de una manera muy interesante. Estaba jugando a algo que era totalmente nuevo para mí. Más que un trabajo, es una idea ilustrada con fotos; un proyecto donde juego con las posibilidades semánticas de la imagen, poniendo en duda a un pueblo entero desde una perspectiva irónica.

De hecho es la única serie donde las fotos incluyen textos.

Es la única serie donde yo hago los textos. No exige ningún tipo de creatividad ni de control del lenguaje: se trata de jugar con la objetividad de la representación. Estaba jugando también con mi profesión de periodista, cuando trabajaba tanto con el teleobjetivo contando las cosas desde fuera.

¿Cómo llegaste al mundo del periodismo?

De casualidad. Yo no soy una persona nada vocacional. Voy encontrándome cosas en la vida y me van interesando, como el amor. Nunca planifico nada; me cuesta mucho planificar.

Tus fotos muestran siempre una sutil ironía. ¿Es algo calculado o sale de tu mirada involuntariamente?

Eso sale, es un reflejo del sentido del humor de cada uno; es como escribir a mano alzada. Mi trabajo tiene mucho que ver con la intuición y con la emoción; la cabeza la uso siempre a posteriori, cuando veo todo lo que me he llevado a casa y reflexiono sobre cómo organizarlo. A mí me gusta dejarme llevar, y eso está en la forma de ser de cada uno. En mi caso, es posible que la ironía forme parte de mi personalidad.

¿Cuánto tiempo tardas en realizar un proyecto? ¿Es posible contestar de forma unívoca?

Para mí, los proyectos son algo muy parecido a las relaciones sentimentales. En la vida, pasas por distintas experiencias y, en la vida fotográfica, también. Definir una experiencia es imposible: cada una dura lo que dura, es una aventura que va pasando por distintas fases, y los proyectos surgen de la misma manera, a veces por casualidad. Estudio elemental surgió un día en el que un amigo me llevó a un encuentro de bandas de música; hice una foto de un músico y me emocioné. Y, como en una relación sentimental, no se puede definir el tiempo que va a durar. Hay autores que pasan toda la vida haciendo la misma foto y esta…

[To be continued]

Interview by Margherita Visentini and photography by Adrian Rios. Published on Polpettas On Paper #4.

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